Sionismo Socialista




Dov Ber Borochov

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Biografía

Dov Ber Bórojov nació el 21 de junio de 1881 en el pueblito de Zolotonoscha (Ucrania). Su padre, Moisés Aarón Bórojov, era maestro hebreo, iluminista y militaba en el movimiento Jovevéi Sión (Amantes de Sión).

Bórojov terminó el bachillerato en Poltava (Rusia Meridional), donde pasó su juventud y los mejores años de su breve pero intensa y productiva existencia. Leía mucho y ahondaba en diversas ciencias, particularmente le interesaba la filosofía. Además, le agradaba la historia, la economía política, la literatura y el arte. Tenía una memoria excepcional y una maravillosa visión.

Fue influido por diversos pensadores, desde los griegos como Platón y Aristóteles, hasta Spinoza, Hegel, Kant, Marx, Engels y otros. Pero también el ambiente en que vivía ejerció gran influencia sobre él, en especial la intelectualidad rusa, que se halla ba impregnada de las ideas liberales y revolucionarias en boga en aquellos años.

En Lekaterínoslav, donde Bórojov se radicó después de terminar la secundaria, fue atraído al aún muy joven movimiento social-demócrata ruso. También allí atrajo en seguida la atención de todos por su profundo saber, sus fundamentales conocimientos filosó ficos, y, sobre todo, por la originalidad y autonomía de sus ideas. Bórojov era un marxista, pero no pertenecía a los hombres que marchaban por senderos trillados. Él veía en el marxismo una doctrina filosófica, pero en ningún modo un dogma, como lo viero n otros y lo ven hasta hoy. Él veía en la enseñanza marxista un método para comprender las fuerzas motrices que impulsan los procesos históricos de la sociedad humana. Mediante ese método trataba de entender y explicar los procesos de la historia judía, y también -por paradójico que parezca- lo que era poco claro e incomprensible en el propio marxismo. Y donde ello se manifestó en forma más clara fue en su análisis de la cuestión judía, análisis que está en absoluta contradicción con la posición adoptada por los marxistas oficiales, comenzando por Lenin y otros teóricos de esa doctrina.

Bórojov no permaneció mucho tiempo en las filas de los social-demócratas. Ellos no tenían una posición clara respecto al problema judío. Algunos rehusaban verlo, otros tenían una posición negativa. Bórojov no podía estar de acuerdo con semejante proceder . Su manera de encarar los problemas era tan amplia, que eludir una cuestión tan importante -en especial tratándose del propio yo- era imposible para él.

No está descartado que, en cierta medida, también hayan influido factores externos en el interés de Bórojov por los problemas de su pueblo. No hay que olvidar que Bórojov apareció en la arena social en una época muy difícil y amarga para la vida judía. E n la Rusia zarista, donde él vivía, volvieron a recrudecer las persecuciones a los judíos, que llegaron a una triste culminación : una ola de pogromes. A la lumbre de las hogueras de los pogromes se vio con más claridad que nunca, entre los intelectuales, el trágico desamparo de los judíos en la diáspora.

El primer trabajo de Bórojov, sobre "El carácter de la inteligencia judía", se publicó en el año 1903 en el Almanaque Sionista. Bórojov contaba entonces con apenas veintidós años. Fue ése un notable estreno, que despertó enorme interés por el joven cient ífico. Con ese profundo análisis filosófico sobre la genialidad judía, Bórojov mismo se reveló como un genio, en todo el sentido de la palabra.

Aún en Lekaterínoslov, Bórojov hizo otro debut en la organización de la Autodefensa judía, que surgió como resultado de los pogromes. Fue éste el primer ingreso de Bórojov en la organizada y consciente vida judía. Y ello fue muy característico para Bóroj ov, porque vio en la autodefensa una finalidad importante, tanto desde el punto de vista judío como el puramente humano. Para Bórojov se trataba de un acto de dignidad y al mismo tiempo de revolución nacional. En esencia, ambos elementos se basan en lo mi smo: en la moral humana.

Es necesario recordar que cuando los primeros poale sionistas, encabezados por Bórojov, aparecieron en la calle judía, ésta no estaba despoblada. Ya entonces ejercían su influencia, por una parte, el sionismo burgués, que sólo veía la anormalidad naciona l del pueblo judío y miraba hacia el futuro Estado Judío con los ojos románticos de los Jovevéi Sión. Por otra parte, estaba el Bund que advino al mismo que el movimiento sionista y veía como única solución del problema judío la autonomía nacional-cultura l. Confiaba en que todos los demás problemas se solucionarían con la liberación de la clase obrera y de la humanidad en general. El Bund ponía, por lo tanto, el acento sobre la lucha "en el lugar" y combatía no sólo la idea del sionismo sino también todo intento de política emigratoria. Muy fuerte e influyente era la doctrina del cosmopolitismo, particularmente en las filas de la intelectualidad izquierdista judía. Los cosmopolitistas pensaban que la liberación del mundo aventaría todas las nubes que oscu recen el cielo de la sociedad humana. Estaban convencidos de que en un mundo así no tendrían cabida discriminaciones como la del problema judío.

Bórojov, ante todo, veía a los judíos como un pueblo. No fue el primero ni el único que vio los hilos históricos que atan en un solo haz a las distintas minorías judías y sus diferentes clases sociales en una nación común. Pero fue el primero que, precis amente desde un punto de vista marxista, fundamentó la existencia y capacidad de vivir de la nación judía, así como fue el primero que, con el mismo método marxista, afirmó que la solución del problema nacional judío es de interés común de las distintas c lases sociales. Y más aún demostró que sin un territorio propio no es posible, no sólo ninguna solución nacional del problema del pueblo judío, sino tampoco ninguna solución social seria de los problemas de la clase obrera judía. Demostró que el surgimien to de un proletariado judío que desempeñe un papel decisivo en la economía, y, en consecuencia, en la vida del pueblo, depende del territorio propio.

En su minucioso trabajo "Los intereses de clase y la cuestión nacional" dice Bórojov: "Lo más importante de las condiciones de producción material es el territorio". Por ello vemos precisamente que, pese a los distintos intereses antagónicos, todas las c lases de cada pueblo están interesadas en asegurar y desarrollar el territorio común.

En "Los obreros judíos", Bórojov menciona: "Un pueblo sin tierra, que se encuentra despojado de condiciones de producción propias, de una base económica propia, que se halla encajado dentro de relaciones sociales extrañas, ya formadas, se convierte en fo rma natural en un grupo específico y solitario, al que no se le dará la posibilidad de aproximarse a la población que posee una base. A ese pueblo siempre lo acechará la competencia nacional; y no estando preparado para la lucha, impotente, sin una base e conómica sobre la cual sustentarse, ese pueblo se halla expuesto a una acrecentada explotación".

Bórojov sabía que la asimilación era un problema para el pueblo judío, pero a los asimilacionistas los detestaba de todo corazón. Aborrecía a los hombres sin honra: a los que renegaban su propio yo.

Con toda justeza demostró Bórojov que, paralelamente con el proceso de asimilación, en toda la historia diaspórica del pueblo judío se desarrolla otro proceso: el del aislamiento. A los judíos, dijo, se los deja asimilar hasta cierto punto, pero cuando l legan al último peldaño de la escala social, se les dice: "¡Basta! ¡Hasta aquí nomás!". El mundo no-judío está dispuesto a recibir al judío hasta tanto lo necesite para cumplir determinadas funciones en la vida económica, social o cultural del país. Pero apenas tiene sus propios elementos, que pueden cumplir esas funciones, el judío es aislado. Entonces de nada sirve la asimilación, y ni siquiera la conversión.

Bórojov fue el maestro, el teórico y el guía del auténtico socialismo judío. Pero decía que el socialismo no solucionaría los problemas judíos en cada país por separado, sino que la solución era la concentración del pueblo judío su propio país socialista .

A Bórojov se lo conoce fundamentalmente como al ideólogo del sionismo-socialista. Entre la serie de trabajos científicos-filosóficos corresponde mencionar "Hacia la psicología institucional de la conciencia religiosa" y "Virtualismo". En estas obras Bórojov demuestra ser un profundo conocedor de la psicología y de las diversas corrien tes de la antigua y la moderna filosofía, desde Buda y Zaratrusta hasta Descartes, Spinoza, Feuerbach, Nietzsche y muchos otros. Y lo importante es que en este terreno, lo mismo que en el sociológico, no es meramente un compilador de las opiniones de dist intos filósofos y pensadores. También aquí es original y aporta audaces pensamientos propios, sobre todo si se tiene en cuenta la época en que esos trabajos fueron escritos. Pero lo que realmente produjo sensación fue el aporte de Bórojov en otro terreno de los valores espirituales judíos: "El idioma judío y la literatura judía". Hasta la edad de veintiséis años, Bórojov no conocía el Ídish. Apenas unos pocos años más tarde, en 1913, cuando no contaba más de treinta y dos años, publicó dos grandes trabajos, que sorprendieron e impresionaron a todos.

Bórojov buceó en las profundidades oceánicas de la filología y la investigación de la lengua Ídish. Cuatrocientos años de idioma Ídish, a través de todos sus procesos de creación, se encontraban tendidos ante él. Y Bórojov, que unos pocos años antes ni s iquiera conocía esa lengua, ahora demostraba un excepcional conocimiento, no sólo del idioma sino también de todas las fases de su riqueza y desarrollo.

Bórojov encaró también un trabajo colosal: escribir "La historia de la literatura judía".

Nunca tuvo años fáciles y tranquilos. Apenas se inició en el trabajo político-social le tocó probar el sabor de la cárcel zarista. Después empezó a deambular de ciudad en ciudad, de país en país. Helo aquí en Rusia, y en seguida en Galitzia, en Viena, en Bélgica, en Holanda, en Suiza, en los Estados Unidos, y por último nuevamente en Rusia. También probó el sabor de la estrechez económica. Muy a menudo carecía hasta de lo más primordial para sí y para su familia. De lo poco que ganaba, invertía la mayor parte en libros y en distintos materiales, que coleccionaba para su labor de investigación.

La casi última etapa en la vida de Bórojov fue su residencia en los Estados Unidos. Llegó allí en el año 1915, en pleno ardor de la primera guerra mundial. En ese gran país se le abrieron nuevos horizontes para desarrollar su actividad científico-literar ia.

Bórojov vivía ahora en Norteamérica. Pero su corazón se hallaba inseparablemente ligado al judaísmo europeo. La indigencia en que la guerra había sumido a los judíos de Europa, sobre todo a los de la Europa Oriental, no le daba reposo. Los nuevos problem as creados colocaron a la comunidad judía de los Estados Unidos ante nuevas y responsables tareas. La colectividad debía movilizarse para socorrer a sus hermanos. Pero para que la ayuda fuera eficaz, en todo sentido, era necesaria la concentración y coope ración de todas las fuerzas del pueblo. Bórojov trajo, por ello -junto a otros dirigentes- la idea del Congreso Judío Americano. En el centro de esa idea está el pueblo, pero no sólo como portador de ayuda para los hermanos en desgracia, sino como expresi ón de colaboración y de común responsabilidad nacional. En Rusia estalló la revolución de febrero. La vida en general y asimismo la judía, se hallaba frente a nuevos, grandes y fundamentales cambios. En esa hora tan decisiva quiso el partido Poale Sión ruso que su maestro y guía estuviese a su lado. Exigió qu e Bórojov fuera a Rusia, y él acepto el llamado. Después de todo, era también su propio llamado interno hallarse en el lugar de la revolución y estar junto al pueblo en esa hora tan trascendente. Bórojov viajó a Rusia con su esposa, Luba, y su hijita. Pero la travesía no era fácil. Había guerra. La mujer y la hija fueron retenidas en Estocolmo. Bórojov llegó solo a Rusia en el momento más tormentoso de las revoluciones y contrarrevoluciones. Inme diatamente se puso en contacto con su partido. Se entregó al trabajo con la energía y el ardor que lo caracterizaban. Pero en el fuego de su incansable labor se consumió él mismo. Bórojov contrajo una grave pulmonía. Los compañeros estaban junto a él, que rían ayudar, querían salvar a su gran maestro, pero faltaban los elementos necesarios. Había guerra y revolución. Los cercanos a él sentían que se aproximaba el trágico fin, pero se hallaban impotentes. Y desgraciadamente sucedió lo peor. El 17 de diciembre de 1917, en un frío día invernal, el genio de Poltava exhaló su último suspiro en Kiev, cuando apenas contaba treinta y seis años de edad.

Los restos de Dor Ber Bórojov descansan en el cementerio de la kvutzá Kinéret, junto a los soñadores y constructores del Estado: Moisés Hess, Najman Syrkin, Aarón David Gordon, Berl Katzenelson y otros. Y es preciso no olvidar todo lo que aconteció en el mundo y lo que le pasó al pueblo judío durante el tiempo transcurrido desde que Bórojov hizo su aparición en la arena de la vida institucional judía. Las más terribles guerras, las más grandes revolucio nes, espantosas desgracias y horrores, de las que el pueblo judío sufrió más que nadie. Y también la máxima y más ensoñada conquista de todos los siglos y generaciones judías: el advenimiento del Estado de Israel. Pero justamente a la luz de todo eso se t orna más claro y patente el valor de la contribución de Bórojov para nuestra historia moderna, y en particular para el renacer nacional, social y cultural del pueblo judío.

CRONOLOGÍA:

1881.- El 21 de junio nace Dor Ber Bórojov en Zolotonoscha, pueblito de Ucrania, donde la familia se muda a Poltava (Rusia Meridional).

1891-1900.- Estudia en el colegio secundario de Poltava.

1901-1902.- Actúa en los círculos de la social-democracia rusa de Lekaterínoslav.

1903.- Publica su primer escrito sobre "El carácter de la inteligencia judía".

1903-1904.- Se desempeña en el movimiento sionista del sur de Rusia.

1904.- Publica su obra: "Sión y el territorialismo".

1905.- Se incorpora al Poale Sión, y lucha contra el Bund y los sionistas místicos o reaccionarios.

1906.- Toma parte en el congreso de Poltava y escribe: "Los intereses de clase y la cuestión nacional"; organiza el partida Poale Sión en Rusia, redacta su órgano, elabora "Nuestra plataforma", es arrestado y luego se traslada a Minsk y a Vilna.

1907.- Edita el folleto "Virtualismo". Inicia el estudio del Ídish; sale de Rusia y organiza la federación mundial de Poale Sión.

1908-1914.- Viaja por Cracovia, Bélgica, Suiza y Viena. Secretario de la Federación Mundial, redacta "Dos Fraie Vort"(Palabra Libre), escribe los folletos "En torno a la regulación de la inmigración", "El desarrollo económico del pueblo judío", "La cuesti ón nacional en Bélgica", "El movimiento obrero en cifras".

1912.- Se revela como el más grande filólogo judío en la revista "Pinkas". Allí publica un artículo "El papel de la filología Ídish" y otro: "La biblioteca del filólogo judío".

1914-1916.- A comienzos de la guerra parte para Italia y de allí hacia Norteamérica. Participa en el movimiento pro Congreso judío. Redacta sus publicaciones y continúa su labor filológica. Afronta una dura lucha dentro del partido, contra la orientación sionista belicista.

1917.- Toma parte en el Congreso Socialista de Estocolmo, encabezando la delegación de Poale Sión. Ante la comisión internacional Socialista plantea la exigencia de los trabajadores judíos. En el mes de agosto llega a Rusia. Participa en el tercer congres o del partido, en el congreso de las nacionalidades, en Kiev, y en la convención de Petrogrado. Viaja al sur de Rusia en misión del partido, y muere el 17 de diciembre, a consecuencia de una infección sanguínea provocada por un ataque de nefritis.


Sionismo Socialista

El proceso que iniciara Nachman Syrkin al confrontar las ideas socialistas con el pensamiento sionista alcanzó mayor vigencia con el auge del movimiento socialista revolucionario de Europa Oriental en las primeras décadas del siglo XX. Muchos de los activ istas y teóricos del movimiento revolucionario del imperio zarista eran de origen judío.

E1 mensaje de salvación humana universal, inherente al socialismo, atrajo bajo estas banderas a enormes cantidades jóvenes intelectuales judíos que habían abandonado el tradicional modo de vida del ghetto, pero que encontraron las puertas de la sociedad c erradas ante ellos. E1 unirse a uno de los distintos movimientos revolucionarios clandestinos se convirtió para muchos de estos jóvenes hombres y mujeres en el único camino para la emancipación social y espiritual. Sintieron que a través de la revolución socialista se derrumbaría toda la opresiva estructura de la sociedad zarista y con ello también el antisemitismo, resolviéndose el problema judío a través de la integración de la joven intelectualidad judía dentro de los marcos de la redención universal. Este sector había roto conscientemente sus lazos con la cultura judía tradicional Después de haber sido rechazados por la cultura rusa dominante, la frase de Marx "Los proletarios no tienen patria" representó en cierta manera su existencia social y sus es peranzas mesiánicas, quizás en mucho mayor medida que en lo que respecta al proletariado ruso de entonces, el cual —después de todo—estaba firmemente arraigado en la cultura nacional e histórica del pueblo ruso.

Mas aun, la organización socialista más grande y mejor organizada del imperio zarista hacia fines del siglo XIX era la Asociación de Trabajadores Judíos (Bund). Durante muchos años la cantidad de sus miembros fue mayor que la de cualquier otra organizació n socialista de Rusia, y la calidad de sus actividades intelectuales era realmente impresionante. El Bund reconocía la singularidad del problema judío en el marco económico y cultural general de Europa Oriental y al mismo tiempo afirmaba que la emancipaci ón de las masas judías de Rusia tendría lugar de acuerdo con estructuras socioculturales específicamente referidas a la historia social judía. Por esta razón el Bund abogó por el desarrollo de la cultura en ídish, idioma al que veía como la lengua cotidia na de la vida judía, parte integrante de la lucha social de las masas judías y claro eco de las tradiciones populistas rusas. En esta concepción, el ídish como idioma de las masas trabajadoras fue adoptado en oposición a los idiomas ruso y polaco usados p or la burguesía asimilacionista judía, y también en oposición al hebreo , que era considerado como un idioma clerical del pasado y del viejo establishment religioso. Los teóricos del Bund aspiraban a la integración del proletariado judío, consciente de su propio legado cultural, dentro del movimiento del proletario revolucionario. En la futura sociedad socialista se preservaría el legado cultural y linguístico de las masas judías, así como los idiomas ruso, polaco y ucraniano seguirían constituyendo el ce ntro de la identidad del proletariado gentil dentro del concierto de la revolución universal.

A1 mismo tiempo, el nacionalismo cultural del Bund, en sí mismo una de las expresiones de la búsqueda judía de una identidad nacional en los tiempos modernos, se opuso radicalmente a todo intento de vivificar la nación judía en Palestina: la inmigración h acia allí, el renacimiento del idioma hebreo, el establecimiento de una sociedad judía en la Tierra de Israel, era considerado por el Bund como nacionalismo estrecho y reaccionario que aislaba al problema judío del conjunto de las soluciones universales y empujaba a los judíos a su propio pasado y a un nuevo ghetto mesoriental. Según el Bund, los judíos —al igual que el proletariado en su totalidad— tenían solamente una patria: la Revolución

Sobre este trasfondo es que debe entenderse el derrotero intelectual de los escritos políticos de Ber Bórojov. Nacido en Poltava, Ucrania, en el hogar de un maskil simpatizante del movimiento de los Jovevei Tzion, Bórojov (1881-1917) creció cercano al mov imiento socialista revolucionario ruso y a sus numerosas ramas, pletóricas de activistas judíos. Sobre este panorama de aspiraciones conflictivas entre una visión nacional y el socialismo revolucionario, desarrolló un programa sistemático que devendría po steriormente en una singular síntesis: la integración del nacionalismo judío con la doctrina marxista ortodoxa. De tal manera, el sionismo marxista (o marxismo sionista) se desarrollo y se convirtió en el basamento ideológico de los Poalei Tzi6n (Obreros de Sión), que se destacó -Primero en Rusia y luego en Palestina- como el movimiento sionista obrero más influyente.

Intelectualmente, tal síntesis entre marxismo y sionismo no fue una tarea fácil. El marxismo clásico y ortodoxo consideraba al nacionalismo como a un mero fenómeno "superestructural". En la doctrina marxista, tal como fuera desarrollada por Engels, Kautsk y y Plejanov, los intereses puestos de manifiesto en la lucha de clases son los factores determinantes del progreso histórico, y la idea nacional no es más que una "ideología" confeccionada por la burguesía para legitimar por vías de una falsa generalidad sus intereses de clase particulares y estrechos. Según este punto de vista, el proletariado debe descubrir esta verdad que se esconde detrás de la verborragia nacional para desenmascarar su naturaleza burguesa, y forjar —a través de la solidaridad prole taria internacional—la base para el universalismo redentor de la revolución mundial.

No caben dudas de que esta posición no facilitaba las cosas al movimiento socialista en zonas como Europa Oriental, donde los conflictos nacionales, lingüísticos y culturales estaban situados en el centro mismo de la conciencia política de comienzos del s iglo XX. Por lo menos un movimiento socialista marxista —el surgiente partido socialista del multiétnico Imperio Austro-Húngaro — trató de conformar una actitud mas diferenciada y menos simplista hacia la cuestión nacional.

E1 intento de Bórojov de hallar una legitimación coherente con el marxismo para el sionismo socialista debe mucho a su ímpetu hacia los estudios sociológicos de escritores austromarxistas como Otto Bauer, Max Adler y Karl Renner, cuyo argumento básico era que en el marco de sociedades multinacionales, la emancipación de la clase proletaria deberá ir de la mano con la emancipación nacional, ya que su opresión social deviene también a causa de su nacionalidad. De tal manera, la nacionalidad esta enclavada e n la estructura social de tales sociedades, y no es meramente "superestructural".

Bórojov sigue una línea similar. En el primero de sus grandes trabajos La Cuestión Nacional y la Lucha de Clases (1905), trata de sugerir que los propios escritos de Marx sobre la cuestión nacional son un poco mas amplios de lo que se percibe a simple vis ta. Como doctrina, afirma, el marxismo se remite a la cuestión de la lucha de clases, pero numerosas observaciones de Marx y Engels contienen los ingredientes básicos del conflicto nacional. Citando un artículo de Engels y algunas notas de Marx en el ter cer volumen de El Capital, Bórojov señala que los fundadores del marxismo eran conscientes de cierto pluralismo que se registra como resultado de la influencia de las condiciones de producción sobre las diferentes conformaciones históricas. Para explicar las razones de este pluralismo, Bórojov cita la sentencia de Marx sobre que: "Una misma base económica (que es "una sola y la misma" según sus principales condiciones) puede desarrollarse de distintas maneras, puede tener diversas modificaciones por distintas condiciones reales, condiciones naturales, relaciones raciales e influen cia histórica que presionan sobre ella desde el exterior".

E1 hecho de destacar estos elementos pluralistas en el seno mismo de la doctrina marxista atenúa el determinismo económico mecanicista que estaba comenzando a ser asociado con el marxismo por culpa de la influencia de Kautsky y Plejánov. Ello permitió a B órojov opinar que, junto con la división vertical de la humanidad en clases, existe también una división horizontal:

"Los grupos en que la humanidad se divide según la diferencia en las condiciones de la relativamente separada producción, reciben el nombre de sociedades, organismos social económicos (estados, familias, pueblos, naciones)."

La lucha de clases siempre tiene lugar, según Bórojov, dentro de este grupo socionacional. De allí que la lucha de clases tiene en todos los contextos históricos un carácter específico, determinado por la historia particular de aquella sociedad nacional.

Donde quiera que surja la lucha de clases, esta se integra a la lucha nacional y por lo tanto Bórojov ve el conflicto clasista desarrollando características específicas. Cuando la totalidad de un grupo étnico ha sido conquistado y sojuzgado por otro, el c onquistador trata de imponer su propia estructura de clase. El proletariado de la sociedad sojuzgada se halla bajo una doble servidumbre: como clase, por la burguesía de la nación conquistadora; y lingüística y nacionalmente por la totalidad de la nación opresora. Los austromarxistas se dieron cuenta que el sojuzgamiento a las naciones dominadas — como los checos — ha sido exacerbado por el hecho que la totalidad de su estructura social quedo fragmentada por la desaparición de las clases dominantes checa s y su sustitución por una clase dominante germano parlante. De esta manera, la opresión significa mantener a la nación conquistada bajo una estructura social distorsionada. Igualmente, Bórojov sostiene que: " Con mucha mas claridad se advierte el nacionalismo en los pueblos oprimidos. Ellos, los pueblos oprimidos, siempre se encuentran en su vida de producción sufriendo condiciones anormales, como lo hemos señalado mas arriba, en el caso cuando faltan o está n reducidos el territorio y sus formas de protección: soberanía política, libertad de lenguas y de desarrollo cultural. Esas condiciones anormales tornan armónicos los intereses para los integrantes de la nación. Debido a la presión exterior, que dificult a y desorganiza la influencia de las condiciones de producción, estas condiciones y la propia lucha de clases son trabadas en su desarrollo, porque se ve dificultado el camino correcto de la forma de producción. Los antagonismos de clase se ven anormalmen te atemperados, y la solidaridad nacional adquiere una fuerza cada vez mayor."

Bajo tales condiciones, la lucha nacional se transforma en una lucha social de las clases explotadas contra las clases explotadoras de la sociedad nacional dominante:

"Aparte de que los intereses particulares de cada clase individual se vean dificultados por la presión exterior; aparte de que la burguesía se ve presionada en el mercado y al proletariado le falta la libertad de dominar su lugar, la presión se deja senti r para todos sus individuos de la nación, y todos sienten y comprenden que la presión es nacional, que provienen de una nación foránea y que está dirigida contra su nacionalidad, como tal. La lengua, por ejemplo, adquiere en ese caso un significado muy su perior al valor de un simple medio de defensa del mercado. Cuando la libertad idiomática es avasallada, el oprimido se aferra cada vez más al idioma. En resumen: para un pueblo oprimido su problema nacional se desvía grandemente de la vinculación que tiene con su base, con las condiciones materiales de la vida de producción. Las necesidades culturales obtienen un valor independiente y to dos los miembros de l a nación están interesados en la libertad de autodeterminación nacional."

En tales situaciones, continua Bórojov, aparecen varias corrientes y tendencias dentro del movimiento nacional mismo. Los grupos tradicionales de la nación sojuzgada (la pequeña burguesía, los círculos clericales, las clases instruidas) asocian su naciona lismo con ideas tradicionales, conservadoras y democráticas. Pero los productos históricos genuinos del movimiento nacional son los elementos progresistas de la nación oprimida: la intelectualidad y la clase obrera. Solamente ellas pueden evitar que el mo vimiento nacionalista se convierta en chovinista y etnocéntrico, otorgándole significación universal y verdaderos objetivos internacionalistas. Porque para estos grupos:

"El proceso de liberación no es nacionalista, sino nacional. Y entre los elementos progresistas de una nación oprimida se desenvuelve el nacionalismo real: no sueña con la conservación de las tradiciones, no las añora, no se engaña con la supuesta unidad de la nación, comprende claramente le estructura de clases de la sociedad y no esconde ni ignora los intereses reales de nadie. Su meta es la liberación real, la normalización de sus condicion es y relaciones de producción.

El nacionalismo real, por consiguiente, es el que no oculta la conciencia de clase; se encuentra sólo entre los elementos progresistas de las naciones oprimidas. En la clase más progresista, en el proletariado organizado y revolucionario de una nación opr imida, su nacionalismo real se expresa en las exigencias claramente formuladas en su programa mínimo, y que tienen la meta explícitamente señalada de conseguir, con el restablecimiento de la nación en condiciones normales de producción, un lugar normal de trabajo y lucha para el proletariado.

Según esta concepción, solamente después de emanciparse de la dominación extranjera, el proletariado de una nación oprimida podrá llevar adelante una verdadera lucha de clases dentro de su propia sociedad. Mientras que la sociedad nacional siga siendo oprimida, la lucha de clases seguirá estando distorsionada, y de aquí la necesidad de la liberación nacional a fin de poder librar una lucha de clase exitosa.

Después de haber desarrollado Bórojov en "La lucha de clases y la cuestión nacional" una teoría general acerca de los lazos entre la opresión y la liberación nacional y la lucha de clases, puede Bórojov criticar a los "marxistas dogmáticos y ortodoxos" el no haber reconocido la influencia de las diferencias nacionales en la creación de variantes en la estructura de las sociedades burguesas capitalistas.

Bórojov distingue también entre formas distintas del nacionalismo: el de los grandes terratenientes, de la gran burguesía, de la pequeña burguesía y del proletariado, clasificándolos como nacionalismos "reaccionarios" y "progresistas ". Aquellos que cons ideran al nacionalismo como solamente un resabio del pasado, no solamente se equivocan, sino que también pasan por alto el papel concreto y material del nacionalismo en el modo de producción:

"El nacionalismo no tiene, desde sus orígenes, la mas mínima conexión con la tradición . . . Quienes subestiman al nacionalismo en general como algo obsoleto, reaccionario y tradicionalista, son totalmente superficiales e ignorantes. El nacionalismo es un producto de la sociedad burguesa . . . y debe dársele la misma consideración que se presta a cualquier otro fenómeno de esta sociedad…"

Para Bórojov conceder al nacionalismo un puesto en el desarrollo histórico no constituye una desviación de la teoría marxista, sino más bien la aplicación de la interpretación materialista marxista de la historia a uno de los fenómenos más poderosos de la sociedad moderna.

En La cuestión nacional y la lucha de clases, Bórojov presenta una teoría general de la relación entre el nacionalismo y la estructura clasista. Un año después, en 1906, publicó Nuestra Plataforma, donde trató de aplicar estos principios generales al pro blema judío.

Su punto de partida lo constituyen las conclusiones aparecidas en su primer ensayo.

"El problema nacional y los movimientos nacionales no se elevan por encima de las clases sociales, sino que son propios de una o de algunas de ellas. El conflicto nacional se produce para ésta o aquella clase, no porque las fuerzas productivas de todo el pueblo han entrado en contradicción con las condiciones de producción imperantes, sino porque el desarrollo de las fuerzas productivas de tal o cual clase entran en contradicción con las condiciones de producción de todo su grupo nacional. De aquí la gran variedad de tipos clasistas del problema nacional, de la ideología nacional, y de los movimientos nacionales."

En el pueblo judío Bórojov distingue a tres grupos sociales importantes, cada uno de los cuales ha desarrollado su propia actitud hacia el nacionalismo: (1) la alta burguesía; (2) la clase media, que incluye a la intelectualidad; y (3) la clase obrera, con las clases medias bajas en proceso de proletarización.

La alta burguesía judía, escribe Bórojov, tiende generalmente a la asimilación.

Estos grupos cercanos a la asimilación son los estratos acomodados de la sociedad judía, y existe una marcada relación entre la clase social y las tendencias asimilacionistas. A causa de que la movilidad social hacia arriba es más fácil para los judíos de Occidente que para los judíos de Europa Occidental, la asimilación es más común entre la judería occidental, "y si no fuera por los pobres 0st Juden', el problema judío no afectaría a la alta burguesía judía. La continua corriente inmigratoria de judíos europeo-orientales y los frecuentes pogroms, recuerdan muy frecuentemente a la alta burguesía judía el miserable destino de sus hermanos". Para si, la alta burguesía ha conseguido solucionar sus problemas materiales a través del éxito económico y la integ ración dentro de la sociedad capitalista. Sin embargo, el antisemitismo constituye una seria amenaza a la asimilación de la alta burguesía judía porque recuerda a todos la identidad y las conexiones judías de los estratos mas asimilados de la sociedad jud ía.

En consecuencia, a pesar de su riqueza y status económico, los miembros de la alta burguesía judía no se sienten seguros. En última instancia, el antisemitismo la amenaza tanto como a las clases más pobres. Esto prueba a Bórojov que la subestimación del a specto nacional al analizar la posición social de la alta burguesía judía es ilusorio. De otra manera, ¿cómo se puede explicar la precaria situación de esta clase? Los capitalistas judíos son vistos por la sociedad no solamente como capitalistas sino tamb ién como judíos, y es por esta razón que un mero análisis económico de su posición, como abogarían algunos marxistas dogmáticos, no contribuye a una comprensión adecuada de su situación.

E1 antisemitismo trasciende las clases sociales a pesar de sus distintos orígenes sociales y económicos. Fiel a su interpretación marxista de la historia, Bórojov sostiene que las raíces del antisemitismo son económicas.

La judeofobia se alimenta de la competencia nacional entre la pequeña burguesía y las masas desocupadas judías, por un lado, y las no judías, por el otro. Su veneno alcanza tanto al judío pobre y desamparado, como al poderoso Rotschild . . . ¡Pobre gran burgués judío!: "Zwei Seelen wohnen, ach, in seiner Brust"—"Dos almas moran, ¡ay!, en su pecho "—: el alma de un orgulloso europeo, y el alma de un tutor obligado de sus desgraciados hermanos orientales. De no ser por el antisemitismo imperant e en el mundo, fácil le seria desentenderse de la creciente ola de dolor judío que fluye desde el Este europeo . . .

No le queda, pues, más remedio que interesarse, aun cuando de mal grado, en el problema judío, convertirse en filántropo, y juntar limosnas para los "pobres hermanos necesitados". La gran burguesía judía se interesa en el problema judío, como solución para los demás pero no para sí misma. Ella desconoce este problema y lo comprende muy poco. Su relación hacia el mismo es semejante a la relación de un tutor obligado hacia parientes indeseab les. Su aspiración máxima: librarse cuanto antes de este problema y de los parientes indeseables.

En contraste con esta manera externa y meramente filantrópica en que se manifiesta el problema judío de la alta burguesía, el antisemitismo es un problema mucho más cercano a las clases medias y la intelectualidad judías. Son estas clases las que en cada sociedad constituyen los adalides de los movimientos nacionales; en el contexto del pueblo judío estas clases se encuentran en el centro del conflicto entre dos tendencias contradictorias: la democratización creciente y el igualmente creciente nacionalism o.

Cuanto más se desarrolle una sociedad hacia el capitalismo, cuanto más democrática y abierta se vaya haciendo, más crecerá en su seno el nacionalismo haciéndose cada vez más poderoso. De esta manera, las clases medias judías son impulsadas por el liberali smo y la democratización de la sociedad, hacia posiciones claves mientras simultáneamente crece su conflicto con la clase media no judía. A causa de la movilidad social, cada vez más judíos son médicos, abogados, ingeniero, periodistas y empresarios, y ello lleva a que sus colegas de la sociedad gentil los vean como intrusos y extraños. Esta separación del estrato paralelo de la sociedad no judía tiende a despertar fuertes sentimientos de nacion alismo cultural judío entre estos grupos. Buscan expresar su identidad diferenciada a través de un vínculo con la historia, el idioma y la conciencia judíos:

"La burguesía media, al carecer de una base firme para su lucha por el mercado, se halla inclinada hacia una existencia política independiente y hacia un Estado Judío, dentro del cual podrá desempeñar una función directiva. Pero, en la medida en que logra conservar intactas sus posiciones económicas, y en la medida en que el boycot aun no ha socavado su bienestar material, el centro de gravedad de los intereses de la burguesía media sigue centrado en la diáspora. Es verdad que éste continúa siendo causa d e algunas molestias, pero todavía no ha alcanzado un grado de gravedad suficiente como para despertar en ella la voluntad de modificar substancialmente sus condiciones de vida."

La alta burguesía judía se remite a la cuestión judía solamente de manera filantrópica, mientras que la clase media judía desarrolla un Salon-Zionismus (sionismo de salón) cultural e intelectual, aunque inefectivo. Desde el punto de vista de la teoría bor ojovista, estas clases no pueden convertirse en la vanguardia del movimiento de liberación nacional, ya que su base económica, a pesar de su ambivalencia, su precariedad y su aislamiento, se apoya aún en la infraestructura económica de la Diáspora.

Según Bórojov existe solamente una clase en la sociedad judía cuya miseria es tan radical que no puede continuar existiendo bajo las condiciones prevalecientes en la diáspora y esta compelida a buscar una nueva base económica. Se trata de la clase obrera judía acompañada por las clases medias bajas judías cuya existencia social esta siendo pulverizada por el desarrollo económico por lo cual se ve arrojada a las filas del proletariado. Para Bórojov, estas dos clases conforman una sola entidad social que no puede continuar existiendo en Europa Oriental. La emigración a América es la respuesta pasiva de estas clases a su conflicto, porque acepta como un hecho la existencia misma de una sociedad burguesa como Estados Unidos y busca una solución dentro de la e structura socioeconómica existente. La emigración a Palestina será, de acuerdo con Bórojov, la respuesta activa a la encrucijada en la que se encuentran. Esta respuesta es activa en tanto va necesariamente combinada con la creación de un nuevo sistema so cial, una infraestructura completamente nueva que dará lugar al surgimiento de una sociedad revolucionaria. E1 proletariado judío y las clases medias proletarizantes, que no tienen ni lugar ni futuro en la sociedad europeo-oriental, se convierten de esta forma en el sujeto social radical de la transformación nacional del pueblo judío.

Bórojov detalla una cantidad de razones por las cuales la emigración a América no resolverá las penurias del proletariado y de las masas proletarizantes judías. El proceso de proletarización atrapará a estos grupos en América y los convertirá en parte de la fuerza de trabajo inmigrante. Dado que los inmigrantes judíos están concentrados en una cantidad de centros urbanos (Nueva Y ork, Filadelfia, Chicago) surgirá un nuevo antagonismo entre este proletariado inmigrante judío, tan identificable, y otros grupos de inmigrantes obreros. Las masas de inmigrantes judíos llevarán de este modo el problema judío a países y continentes que n o lo conocían anteriormente. Por ello, el espectro del antisemitismo se difundirá abarcando nuevas zonas y clases. Los intentos de los inmigrantes judíos de integrarse dentro de una fuerza de trabajo productiva fracasaran igualmente, situándose nuevamente en ocupaciones marginales. La pirámide invertida de la estructura social judía —una estrecha base productiva con una recargada cúspide de clases medias e intelectualidad— se volverá a repetir en el Nuevo Mundo.

Lo que exige el problema judío, visto como un conflicto nacional, es una solución territorial:

"La contradicción entre la necesidad de penetrar en los estadios de producción superiores y la imposibilidad de satisfacerla en los países de adelantado desarrollo capitalista por medio de la concentración, hace nacer la necesidad de una inmigración conce ntrada a un país económicamente atrasado donde los judíos puedan ocupar, de inmediato, una posición dominante. En una palabra: aparece la necesidad de transformar al peregrinaje judío de un movimiento exclusivamente inmigratorio, en un movimiento coloniza dor . . . o sea, surge la necesidad de solucionar territorialmente el problema judío."

Después de analizar varias posibilidades para una solución territorial, Bórojov arriba a la conclusión de que solamente Palestina sería viable. Pues solamente allí sería posible crear una sociedad judía desde sus cimientos y donde podría estructurarse y m antenerse un campesinado y una clase obrera judía. Tal tarea se llevara adelante tanto a través de un proceso espontaneo (styjta) de las masas judías oprimidas de Europa Oriental, como por el esfuerzo consciente del proletariado judío orientado a transfor mar radicalmente las estructuras de la sociedad judía. Un pueblo no puede ser independiente en tanto no controle su propia infraestructura económica. Por ende, la independencia económica judía es posible solamente en el marco territorial en el cual los ju díos constituyan la base de la pirámide social. Esto solamente sería posible en Palestina, pudiendo ser logrado únicamente a través de la actividad consciente del proletariado judío en aras de la creación de una infraestructura productiva en la Tierra de Israel. La burguesía judía, al trasladar sus negocios desde Europa al Medio Oriente, no sería capaz de crear una transformación tal, y por ello Bórojov afirma que "La liberación del pueblo judío será la obra del proletariado judío, o no será realizada del todo".

Según Bórojov, el proletariado judío necesita una transformación social revolucionaria así mucho más que cualquiera de las otras clases, ya que su miseria es más aguda, tanto en comparación con la de otros proletariados como con otras clases de la socieda d judía. Por esta razón, el proletariado judío se transformara en el sujeto de la revolución social judía, que deberá ser igualmente una revolución nacional. Solamente la victoria del proletariado emancipará a toda la sociedad judía de su dependencia de e structuras económicas no judías, y solamente aquellos que controlen la infraestructura económica alcanzarán la independencia nacional.

El país al cual inmigrarán los judíos no tendrá un alto nivel industrial ni un carácter predominantemente agrícola, sino una economía de transición de carácter semi-agrícola. Este país será el único abierto a los judíos, y se encontrará en la línea de may or resistencia con respecto a todos los países abiertos a la inmigración de los demás pueblos. Será un país donde, debido a su bajo nivel político y cultural, no podrá prosperar el gran capital, en tanto que el pequeño capital y el capital medio encontrar an en el un mercado apropiado para sus productos. El país de la inmigración judía inmanente será: Palestina.

De acuerdo a Bórojov, es la anomalía de la existencia judía en la diáspora la que no permite al desarrollo socioeconómico judío seguir el patrón general del desarrollo universal. En su polémica con aquellos socialistas judíos que veían a la revolución mundial pura y simple como solución al problema judío, Bórojov no escapa de lo universal a lo particular. Por el contrario, el sost iene que solamente a través del establecimiento de una sociedad judía en Palestina, la lucha de clases judía se integrará dentro de la lucha universal del proletariado mundial. Un intento de llevar a cabo esta lucha mientras los judíos —todos ellos, burgu eses y proletarios por igual— constituyen grupos minoritarios dentro de sociedades no judías, está destinado a la distorsión y al fracaso precisamente porque despierta antagonismos dentro de las clases sociales mismas: entre proletarios judíos y gentiles y entre burgueses judíos y gentiles.

Por ello, Bórojov no se ve a sí mismo como traicionando una visión universal al abogar por una sociedad judía en Palestina. Solamente a través del establecimiento de una sociedad judía que controle su propia infraestructura económica, los judíos podrán in tegrarse en el proceso revolucionario universal. En el idioma de Bórojov, "La autonomía política territorial es el objetivo del movimiento sionista… Para el sionismo proletario, sólo una etapa en su camino hacia el socialismo". El internacionalismo autént ico pasa por el nacionalismo, no por encima de él.


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